Siempre he dado muchas vueltas en torno a qué es lo que nos diferencia a unas personas de otras, y siempre he llegado a la misma conclusión: la formación que cada uno tenga. Sé que ir en contra de la ciencia es aventurarse en una empresa harto complicada, casi de bellacos, pero, por muy extraño y absurdo que pueda parecer, yo no creo que sea la carga genética de cada uno, que es única para cada individuo, y que tan sólo explica una diferencia física.Seré un tanto osado, pero pienso que cualquier conducta no patológica puede ser modificada o moldeada mediante la formación que recibe una persona, por lo que realmente es éste el elemento o factor explicativo de nuestra desigualdad, la más importante, la que radica dentro de cada persona, y entendiéndola como modo de comportarse, aspiraciones, motivaciones, forma de actuar ante situaciones que la vida presenta, en definitiva.
Esta formación se compone de dos tipos, interrelacionados entre sí, pero susceptibles de división al objeto de su análisis: la formación entendida como educación (normas sustanciales de convivencia más compendio de información que el día de mañana usaremos en nuestra labor profesional), y formación humana, entendiendo por tal la experiencia que te da la vida en aquellos asuntos que no están escritos y que ni siquiera pueden serlo.
Podemos ampliar la primera muy fácilmente (leyendo, pensando, imaginando, preguntando...) aunque jamás lleguemos a su fin, siempre que no nos ocurra como al chico de la imagen. Pero la humana, amigo mio, jamás. Tenemos que sufrir INDIVIDUALMENTE las vicisitudes que se nos planteen en la vida, y aprender de ellas, pues no hay otro modo de aprender, y no hay duda de que aprenderemos más de los momentos malos que de los buenos.
Ojalá cada día sea más diferente
